Adolescentes y alcohol, ¿realidad o tópico?- Parte 1

Hoy 15 de noviembre es el día mundial sin alcohol. Este tipo de celebraciones, esta forma de marcar días son un modo de facilitar la reflexión. En estos días se realizan homenajes a aquellos que han dejado el alcohol, se escribe sobre los efectos de la sustancia o se hacen actividades que promueven otro tipo de formas de relaciones sociales.

En mi caso, elijo lanzar una reflexión de la mano de mi población favorita, los adolescentes. Hoy además creo que con mucho fundamento, ya que se suele hace una relación directa entre ambos conceptos, alcohol y adolescencia.

Reflexionemos, ¿esta relación está bien hecha o por el contrario es un tópico?

Es cierto que los estudios más recientes señalan que cada vez se empieza antes con el consumo de alcohol y que las ingestas del mismo son abusivas. Además entre los adolescentes hay una mayor prevalencia de comas etílicos que entre los adultos. Y ahora podemos elegir quedarnos con esta estadística, donde una vez más lo que hace el adolescente es un comportamiento muy “florido” y por tanto visible, analizable y juzgable, o bien, podemos ver qué hay detrás de todo esto.

Me quedo con la segunda opción y os invito a que reflexionéis al respecto.

Siendo cierto los datos anteriormente descritos, me gustaría que nos detuviéramos en otro, y es que los adolescentes rompen las estadísticas en la ingesta abusiva de alcohol respecto a los adultos porque su consumo se centra en las 24 ó 48 horas del fin de semana, mientras que la población adulta bebemos alcohol a lo largo de toda la semana, de lunes a domingo, en menos cantidad diaria pero más cantidad de veces.

Por lo que el consumo adulto suele ser mayor y somos el ejemplo que ven nuestros hijos e hijas cuando aún están en una etapa infantil. Los más pequeños ven en su día a día el alcohol en diferentes espacios, casa, calle, televisión, familiares, gente a la que siguen, admiran o por las que son educados. El alcohol suele relacionarse con momentos de fiesta, de diversión, de celebración, de vínculo, de unión: “a ver si nos vemos y nos tomamos una cervecita hombre…anda ya, con lo que has bebido comiendo no das en el test de alcoholemia… una copa de vino es buena para el corazón…brindar con agua da mala suerte…anda mójate los labios, eso no es nada…” son muchas de las frases que sin darnos cuentas, sin ser conscientes, tenemos en nuestro ADN impregnado porque las hemos oído desde que tenemos “uso de razón”.

El alcohol forma parte de nuestra sociedad, de nuestra cultura. Es algo que genera bienestar para muchos y malestar para otros, depende de multitud de factores, la edad, la cantidad, la información, y el para qué se hace, pero no pretendo lanzar este interesante y complejo debate. No se trata de buscar culpables, pero tampoco lo hagamos con esta población que por diferentes motivos se encuentran en un estado de vulnerabilidad.

Sara Sayago, psicóloga

La neurociencia y la responsabilidad

¿Por qué se habla tanto de Neurociencia ahora? Neuroeducación, neuropsicología, neurodesarrollo, neuromarketing…

Hoy en día no paro de ver este prefijo por todas partes. Personalmente, no creo que hoy se dé más importancia que antes o esté de moda especialmente, lo que creo es que los avances en los últimos años en estas áreas, gracias a técnicas de imaginería en vivo, están siendo muy potentes y permitiéndonos abrir los ojos a todo un mundo nuevo.

En los últimos años he usado la Teoría del Cerebro Triuno (Paul McLean, 1949) en muchas ocasiones. Y es que es un modelo teórico simplista, pero que a padres y profesorado nos ayuda a entender muchas cosas, a tener una visión más compleja de lo que está transmitiendo el alumnado con su conducta.

Tras esta llegó la Teoría Polivagal (Stephen Porges, 1995), que ha ayudado a complejizar nuestro entendimiento y revolucionar la visión del ser humano y su salud psicofisiológica. Y pese a ser una gran revolución, aún no ha llegado a tener el calado en nuestra sociedad que se merece.

Como transmite Rafael Nieto, uno de nuestros maestros en Neurociencias, considero fundamental que este conocimiento esté en las aulas. Desde que mi hijo entrara el curso pasado en la escuela infantil, está aprendiendo sobre su cuerpo, está en todos los planes educativos como un objetivo fundamental en todas las edades.

Conoce al detalle el proceso de la digestión, la respiración y el corazón, pero sobre los cerebros y Sistemas Nerviosos es poco aun lo que se incluye en nuestro aprendizaje: cerebro, sistema vagal, sistema simpático, cerebro del intestino, del corazón…  Conocernos a nosotros mismos en cómo sentimos, pensamos y funcionamos es Neurociencia, está más al alcance de todos de lo que pensamos, y es fundamental en nuestros procesos de aprendizaje. Así que, en las próximas semanas va a ser mi objetivo con la clase de 4 años de mi hijo, llevarles este conocimiento de manera didáctica, práctica, de forma que ellos lo puedan entender. Que en su vocabulario emocional entre también “sentirse conectados, sostenidos” o saber reconocer cuándo y por qué se quedaron “congelados”.

A mi parecer, las personas que trabajamos con otras, y muy especialmente las que trabajamos con niños y adolescentes, tenemos la responsabilidad de actualizarnos continuamente y de llevar este conocimiento al aula, a las salas de terapia, a nuestras casas. ¿Cómo puedo enseñarles a comer sano si no conocen sobre nuestra digestión? ¿Cómo voy a enseñarle a conocerse a sí mismo, cómo voy a practicar Mindfulness con ellos, cómo voy a ayudarles a sanar profundas heridas si no saben qué órganos y cómo están implicados?

Mercedes Laboisse, psicóloga