¿Estrés vacacional?

¿Estrés vacacional?
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Ya han llegado las vacaciones de nuestros hijos y con ellas parece que una nueva dosis de estrés, pues en la mayoría de los casos los padres y madres seguimos trabajando y nos encontramos ahora en casa con dos ritmos distintos. El de ellos, que se sienten más relajados y deseosos de disfrutar de sus esperadas y merecidas vacaciones y el nuestro, que a la rutina diaria y las prisas hemos tenido que sumarle la pregunta de… ¿y ahora qué hacemos con los niños?

A estas alturas ya hemos contestado a esa pregunta con escuelas de verano, campamentos de verano, abuelos que nos siguen echando un cable… cada familia se organiza como mejor puede haciendo a veces auténticos malabares, pero mientras, ¿qué nos pasa a los padres? ¿por qué a veces parece que el período de vacaciones de nuestros hijos es aún más estresante que el curso?

La respuesta es sencilla: en casa se unen dos horarios diferentes, el de ellos con todo el tiempo libre por delante y el nuestro, que seguimos con las rutinas y a veces teniendo que lidiar con las expectativas de querer disfrutar “las vacaciones” con ellos, pero con el choque de realidad por delante: seguimos trabajando y ya el cansancio de todo el curso es abrumador.

Por ello se hace especialmente importante poner conciencia a cada momento familiar y el autocuidado. En la medida en la que los padres y las madres nos dedicamos un tiempo a la semana, sí sí, a la semana, no menos, a cuidarnos, a nutrirnos, nuestra forma de relacionarnos con nuestros hijos y con nuestra pareja es mucho más amable. Y es que cuidamos y atendemos nuestras responsabilidades, olvidándonos muchas veces de cuidarnos, ¿cuándo fue la última vez que dedicaste un rato para ti?

Y me refiero a un café con amigos, una salida al cine a ver una peli que tú elijas, ir a un concierto, irte de compras para ti, ir a recibir un masaje, una cena en pareja… Para cuidar antes nos tenemos que cuidar, y en esta estación del año en el que los niños están mucho más tiempo en casa nos merecemos aún más el cuidarnos, pues sino podemos caer en esa desesperación de “a ver cuándo comienza el curso de nuevo”.

Y es que tenerlos en casa parece que no siempre es tan idílico como imaginábamos, sin embargo, yo creo que tenerlos en casa y poder disfrutar de ellos es un regalo inmenso, pero el estrés, el cansancio, las prisas de la rutina… nos impiden darnos cuenta del tesoro que tenemos delante: tiempo para pasar en familia, tiempo para dedicarles a ellos y dedicarnos en familia. Tiempo, ese es el mayor regalo que podemos hacerle y del que los padres y madres también podríamos disfrutar, pero necesitamos parar y tomar conciencia de lo que nos pasa a cada cual y a cada miembro de nuestra familia, y así poder elegir cómo afrontamos esta estación del año.

Para todo esto, para aprender a parar en el ritmo frenético de vida que llevamos, nuestra mejor herramienta es el mindfulness, ya que no requiere una búsqueda extra de tiempo en el día a día, sino que se trata de aprender a estar presente en aquello que hacemos, para vivir en el Aquí y Ahora, y así, cuando estamos con nuestros hijos en lugar de estar pensando en los conflictos que tengamos y/o en los quehaceres del hogar, dedicarnos con conciencia a ellos y a lo que estemos haciendo.

Cuídate, como tú elijas, pero cuídate, ese es nuestro consejo y lo que yo trato de poner en práctica, porque me merezco disfrutar de mi maternidad, igual que tú de la tuya, y mis hijos se merecen disfrutar de su madre tal y como es, no de su madre perfecta, esa no existe, sino de su madre disponible y disfrutando con ellos y de ellos.

Rocío, coordinadora del Máster en Educación Emocional en la Universidad Pablo de Olavide

¿Es la juventud una etapa para cuidarse?

¿Es la juventud una etapa para cuidarse?
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Hay un momento en la vida en la que podemos sentir un abismo ante la responsabilidad de que “mi vida depende de mí”, y a algunas personas, nos pasa al inicio de ser jóvenes.

Durante la niñez estamos al amparo de papá y mamá y sabemos que de una manera u otra están ahí y sentimos que nuestra vida depende de ellos. Después llega la adolescencia con sus grandes momentos de diversión, disfrute y también con sus sinsabores, inseguridades y con el anhelo de ser joven para ser uno mismo quien tome todas sus decisiones y “mis padres me dejen tranquila”. Pero muy poco después somos jóvenes y… ¿ahora qué?

Somos jóvenes y no tenemos todas las respuestas como pensábamos que tendríamos, somos jóvenes y… nuestros éxitos y nuestros errores son de uno mismo, “sólo yo que tomo la decisión soy responsable de ellos” y darnos cuenta de esto, a veces puede pesar demasiado.  Yo recuerdo aquella sensación como grietas enormes que se creaban bajo mis pies y que los pasos que yo daba iban a determinar que el suelo se abriera o se quedara estable para que yo pudiera caminar sobre él.

De la niñez y adolescencia se habla y escribe mucho, así como de las crisis en la edad adulta, pero ¿qué pasa con esa etapa vital en la que las personas comenzamos a tomar decisiones que repercutirán el resto de nuestra vida? Ya no deciden por nosotros nuestros padres, ahora somos nosotros quienes tomamos nuestras primeras decisiones vitales y entonces “la responsabilidad es toda mía”.

La buena noticia es que la vida no la vivimos en soledad, sino en sociedad y que las personas buscamos apoyo en quienes nos quieren y somos libres de rodearnos de las personas que nos puedan hacer bien.

Además, no existe mayor y mejor aprendizaje que a través de los errores propios, pues, aunque en nuestra cultura occidental eso de equivocarnos está muy denostado es la forma que tiene nuestro cerebro de adquirir los aprendizajes. Y teniendo en cuenta que lo que se aprende en la juventud se queda para siempre, más que evitar la equivocación, nosotros invitamos a que las personas, y especialmente a los jóvenes, tengan cuantas más herramientas, mejor.

Cuando somos padres y madres cuidamos de nuestros hijos e hijas, los adultos, cada vez más, buscan espacios de autocuidado, pero ¿qué pasa con los jóvenes? ¿es que acaso no debemos pensar en cómo nos cuidamos? Elegir las personas de las que nos rodeamos, ser dueños de nuestro tiempo, conocernos más… es parte también del autocuidado.

En Rumbos trabajamos por y para el bienestar de las personas y en nuestros grupos de Educación Emocional tienen cabida las personas más jóvenes, desde los 4 añitos hasta los 17, pero aún no teníamos un grupo joven. Por eso, por fin, hemos creado un grupo de crecimiento personal para jóvenes, para acompañarlos en un momento vital tan ilusionante y desconcertante a veces, como es la juventud.

Y es que la vida adulta tampoco es estable, es otra etapa más y también supone momentos de transformación, por ello se hace aún más importante para el bienestar y felicidad propia conocernos en nuestras luces y también en nuestras sombras, para potenciar los talentos que ya tenemos y adquirir herramientas para que nuestras limitaciones no supongan un obstáculo mayor en nuestro día a día.

Si quieres saber más acerca de este espacio, aquí encontrarás más información.

Rocío, coordinadora del Máster en Educación Emocional de la UPO

 

 

 

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