Adolescentes y alcohol, ¿realidad o tópico?- Parte 3

Volviendo al asunto que nos trae aquí, saber qué lleva a un adolescente a beber quizá puede ayudarnos a acercarnos a ellos y trabajar a nivel preventivo más que a nivel de juicio o crítica vacía.

A mi parecer, los motivos principales que lleva a los adolescentes a beber alcohol son la desinformación (muy clara la forma de paliarla), la vinculación con el grupo, el efecto contagio entre iguales, la búsqueda de sensaciones, la curiosidad, la desinhibición y la imitación.

Cuando un adolescente conoce qué es el alcohol, sus efectos y cómo funciona su cerebro la perspectiva y la relación que se establece cambia.

La vinculación grupal y el efecto contagio, son dos factores que pueden paliarse a través del ofrecimiento, por parte del mundo adulto, de diferentes alternativas para estar juntos y divertirse. Aunque es mejor que la opción no llegue por parte de sus padres, pues por el mero hecho de venir de quienes viene la alternativa se negarían a hacerlo en la mayoría de los casos.

Por último, en relación a la búsqueda de sensaciones, la curiosidad y la desinhibición, tenemos poco que hacer más que informarles de que esto está aquí, no a modo de taller puntual que se olvida pronto, sino mediante un trabajo continuado y transversal de autoconocimiento y crecimiento personal.

Están en un momento de absoluto cambio, de caos y donde además se les exige más de lo que están preparados para asumir en muchos planos: psicológico, biológico, fisiológico y social. Por un momento, haced un ejercicio de empatía, cerrar los ojos e intentar conectar con una situación en la que estuvierais en un mar de emociones desordenadas, sin saber qué camino coger y en la que cada día es un reto nuevo y más difícil que el anterior. No es fácil caminar en esos zapatos, mi propuesta es que abracemos ese niño metido en cuerpo de adulto e intentemos acompañarle lo mejor posible.

Y para hacer esto posible la compasión es una gran compañera, y a eso os animo, a tratarlos desde la compasión.

Sara Sayago, psicóloga

Adolescentes y alcohol, ¿realidad o tópico?- Parte 2

El alcohol forma parte de nuestra sociedad, de nuestra cultura. Es algo que genera bienestar para muchos y malestar para otros, depende de multitud de factores, la edad, la cantidad, la información, y el para qué se hace, pero no pretendo lanzar este interesante y complejo debate. No se trata de buscar culpables, pero tampoco lo hagamos con esta población que por diferentes motivos se encuentran en un estado de vulnerabilidad.

Los y las adolescentes desconocen qué es el alcohol realmente, para ellos y ellas es solo algo que ha estado presente a lo largo de su vida y que de forma mayoritaria, se relaciona con diversión y celebración, no conocen las consecuencias del mismo ni las que habrá a largo plazo.

Esto además se acentúa en estas edades. El cerebro de un adolescente no está desarrollado como el de un adulto en contra de los que muchas personas creen. La parte frontal, corteza prefrontal, es una de las últimas regiones en madurar, en ellos y ellas aún no está madura, terminará de hacerlo en adultos de entre 25 y 30 años. Esta área es curiosamente la responsable de planificar, establecer prioridades o controlar los impulsos, todo necesario para hacer un buen uso de la ingesta de alcohol.

Es además el segundo momento, tras la primera etapa de la vida de los 0 a los 2 años, en el que mayores cambios se suceden. Momento en el que se comienza a desarrollar la identidad propia, confluyendo de forma necesaria con la desvinculación emocional. Para que todo esto sea posible, el cerebro se prepara transformándose en aspiradora de experiencias, todas caben, todas son pocas, no sacian. Necesitan conocerlo todo para crear su propio juicio, sus ideas, su yo que se irá convirtiendo en adulto.

Con todo esto, no es de extrañar que parezcan absolutamente perdidos. Pasan de ser niños y depender para todo del adulto, a ser adolescentes que  se creen adultos y no quieren necesitar ayuda de nadie ni de nada.

Confluye en este momento vital la conocida como poda neuronal, donde el cerebro analiza todas aquellas conexiones que no usa, y las elimina. Por lo que se explicaría que de repente, algunas actitudes muy propias de ellos, desaparezcan de un día para otro, y es que ya no están, hay que ir construyendo nuevas conexiones para que aparezcan nuevos comportamientos, así se muestran desorientados, y es que lo están, es que biológicamente no encuentran las conexiones entre los eventos.

Época también de maduración emocional. El cerebro aprende a través de ensayo y error, de modo que irá probando hasta que encuentran comportamientos ajustados al entorno, que se adaptan correctamente.

¿Cómo saben que es correcto? A través del feed back que reciben del contexto, madres, padres, maestros, compañeros, etc. Correcto no significa hacer “las cosas bien”, significa que su cerebro entienda que la recompensa obtenida al mostrar un comportamiento concreto es lo suficientemente positivo para él o ella como para repetirla. Por ejemplo: Si tras reñirme un maestro en clase, hago una broma y obtengo la sonrisa de alguien que me gusta, al poner en una balanza un parte del docente o el “tonteo” con la persona que me interesa, probablemente gane por goleada “el tonteo”. Obviamente no es una ciencia exacta, habría que calibrar las consecuencias en el hogar, amistades etc.

Sara Sayago, psicóloga

Adolescentes y alcohol, ¿realidad o tópico?- Parte 1

Hoy 15 de noviembre es el día mundial sin alcohol. Este tipo de celebraciones, esta forma de marcar días son un modo de facilitar la reflexión. En estos días se realizan homenajes a aquellos que han dejado el alcohol, se escribe sobre los efectos de la sustancia o se hacen actividades que promueven otro tipo de formas de relaciones sociales.

En mi caso, elijo lanzar una reflexión de la mano de mi población favorita, los adolescentes. Hoy además creo que con mucho fundamento, ya que se suele hace una relación directa entre ambos conceptos, alcohol y adolescencia.

Reflexionemos, ¿esta relación está bien hecha o por el contrario es un tópico?

Es cierto que los estudios más recientes señalan que cada vez se empieza antes con el consumo de alcohol y que las ingestas del mismo son abusivas. Además entre los adolescentes hay una mayor prevalencia de comas etílicos que entre los adultos. Y ahora podemos elegir quedarnos con esta estadística, donde una vez más lo que hace el adolescente es un comportamiento muy “florido” y por tanto visible, analizable y juzgable, o bien, podemos ver qué hay detrás de todo esto.

Me quedo con la segunda opción y os invito a que reflexionéis al respecto.

Siendo cierto los datos anteriormente descritos, me gustaría que nos detuviéramos en otro, y es que los adolescentes rompen las estadísticas en la ingesta abusiva de alcohol respecto a los adultos porque su consumo se centra en las 24 ó 48 horas del fin de semana, mientras que la población adulta bebemos alcohol a lo largo de toda la semana, de lunes a domingo, en menos cantidad diaria pero más cantidad de veces.

Por lo que el consumo adulto suele ser mayor y somos el ejemplo que ven nuestros hijos e hijas cuando aún están en una etapa infantil. Los más pequeños ven en su día a día el alcohol en diferentes espacios, casa, calle, televisión, familiares, gente a la que siguen, admiran o por las que son educados. El alcohol suele relacionarse con momentos de fiesta, de diversión, de celebración, de vínculo, de unión: “a ver si nos vemos y nos tomamos una cervecita hombre…anda ya, con lo que has bebido comiendo no das en el test de alcoholemia… una copa de vino es buena para el corazón…brindar con agua da mala suerte…anda mójate los labios, eso no es nada…” son muchas de las frases que sin darnos cuentas, sin ser conscientes, tenemos en nuestro ADN impregnado porque las hemos oído desde que tenemos “uso de razón”.

El alcohol forma parte de nuestra sociedad, de nuestra cultura. Es algo que genera bienestar para muchos y malestar para otros, depende de multitud de factores, la edad, la cantidad, la información, y el para qué se hace, pero no pretendo lanzar este interesante y complejo debate. No se trata de buscar culpables, pero tampoco lo hagamos con esta población que por diferentes motivos se encuentran en un estado de vulnerabilidad.

Sara Sayago, psicóloga

LA NEUROCIENCIA Y LA RESPONSABILIDAD. Porque dar un paso adelante en conocer cómo funcionamos está al alcance de todos y es fundamental. Copia

¿Por qué se habla tanto de Neurociencia ahora? Neuroeducación, neuropsicología, neurodesarrollo, neuromarketing…

Hoy en día no paro de ver este prefijo por todas partes. Personalmente, no creo que hoy se dé más importancia que antes o esté de moda especialmente, lo que creo es que los avances en los últimos años en estas áreas, gracias a técnicas de imaginería en vivo, están siendo muy potentes y permitiéndonos abrir los ojos a todo un mundo nuevo.

En los últimos años he usado la Teoría del Cerebro Triuno (Paul McLean, 1949) en muchas ocasiones. Y es que es un modelo teórico simplista, pero que a padres y profesorado nos ayuda a entender muchas cosas, a tener una visión más compleja de lo que está transmitiendo el alumnado con su conducta.

Tras esta llegó la Teoría Polivagal (Stephen Porges, 1995), que ha ayudado a complejizar nuestro entendimiento y revolucionar la visión del ser humano y su salud psicofisiológica. Y pese a ser una gran revolución, aún no ha llegado a tener el calado en nuestra sociedad que se merece.

Como transmite Rafael Nieto, uno de nuestros maestros en Neurociencias, considero fundamental que este conocimiento esté en las aulas. Desde que mi hijo entrara el curso pasado en la escuela infantil, está aprendiendo sobre su cuerpo, está en todos los planes educativos como un objetivo fundamental en todas las edades.

Conoce al detalle el proceso de la digestión, la respiración y el corazón, pero sobre los cerebros y Sistemas Nerviosos es poco aun lo que se incluye en nuestro aprendizaje: cerebro, sistema vagal, sistema simpático, cerebro del intestino, del corazón…  Conocernos a nosotros mismos en cómo sentimos, pensamos y funcionamos es Neurociencia, está más al alcance de todos de lo que pensamos, y es fundamental en nuestros procesos de aprendizaje. Así que, en las próximas semanas va a ser mi objetivo con la clase de 4 años de mi hijo, llevarles este conocimiento de manera didáctica, práctica, de forma que ellos lo puedan entender. Que en su vocabulario emocional entre también “sentirse conectados, sostenidos” o saber reconocer cuándo y por qué se quedaron “congelados”.

A mi parecer, las personas que trabajamos con otras, y muy especialmente las que trabajamos con niños y adolescentes, tenemos la responsabilidad de actualizarnos continuamente y de llevar este conocimiento al aula, a las salas de terapia, a nuestras casas. ¿Cómo puedo enseñarles a comer sano si no conocen sobre nuestra digestión? ¿Cómo voy a enseñarle a conocerse a sí mismo, cómo voy a practicar Mindfulness con ellos, cómo voy a ayudarles a sanar profundas heridas si no saben qué órganos y cómo están implicados?

Mercedes Laboisse, psicóloga 

 

¿Por qué se habla ahora tanto de la Educación Emocional? ¿y por qué se le da tanta importancia?

Pues porque ahora podemos. Sí, me explico. Hace sólo unos años nuestras abuelas, o ya para algunas personas, bisabuelas, estaban muy ocupadas en conseguir alimentos para sus hijos. La mayoría de los hombres estaban en la guerra y las mujeres estaban solas y la mayor preocupación era la supervivencia física.

La siguiente generación ya tenía qué llevarse a la boca y sus vidas no corrían peligro, entonces la preocupación pasó a ser que su prole estudiara para así asegurarles un buen porvenir.

De hace unos años para acá la mayoría de la población tenemos “asegurado” el alimento y los estudios, así que ahora podemos ocuparnos de la siguiente necesidad: las relaciones interpersonales e intrapersonal.

¿Qué pasa con nuestras emociones? ¿Cómo nos sentimos en el día a día? ¿Nos sentimos las personas felices y satisfechas con la vida que tenemos, con las elecciones que tomamos? Podemos elegir vivir desde la inercia o incluso limitarnos a sobrevivir, pero también podemos elegirnos parar y elegir aquello que queremos.

Y si hablamos de nuestros hijos… ¿cómo podemos ayudarles en un mundo tan cambiante y con tanta incertidumbre laboral, social y política?

Para nosotros la respuesta está clara: ofreciéndoles certidumbre interior. Es decir, competencias emocionales que les ayuden a conocerse para así saber identificar tanto sus luces como sus sombras y sepan gestionar con seguridad y confianza los cambios y situaciones vitales que les toque vivir, tanto en el presente como en el futuro.

Y al hablar de futuro las madres y padres solemos pensar en cómo se van a ganar la vida y a veces nos genera angustia no saber si serán capaces de “salir adelante”. Por ello quiero contarte que según el Foro Económico Mundial la cuarta revolución industrial ya está aquí provocando efectos socioeconómicos y demográficos más que evidentes. Está cambiando el modelo de los negocios y transformando significativamente cómo, dónde y para qué trabaja la gente en todo el mundo.

Los cambios siempre nos generan incertidumbre y miedo, pero no se trata de algo malo, sino simplemente de que nos encontramos ante la necesidad de adaptarnos al cambio que estamos viviendo. Un cambio en el que como ejemplo destaco que desconocemos en qué van a consistir muchas de las profesiones que desempeñarán nuestros hijos e hijas. Y es que según el informe The Future Jobs que publicó a finales del año pasado el Foro Económico Mundial, las cifras son claras: 75 millones de trabajos que hoy hacen personas los harán máquinas en 2022. Esa rápida evolución e implantación de las máquinas podría crear hasta 133 millones de nuevos puestos. El saldo es positivo entonces, aunque en 2025 las máquinas hagan más tareas que los humanos.

Ante el miedo a veces podemos sentir que nos encontramos ante una guerra entre lo tecnológico y lo humano, pero no es así, de hecho, una de las sugerencias de dicho informe es la necesidad de complementar las bondades de las nuevas tecnologías con los valores humanos. Y es que para 2022 las competencias tecnológicas complementarias como el desarrollo de software, la programación, el análisis de datos o la especialización en sistemas o redes sociales no son las únicas competencias demandadas. Hay que añadir otras habilidades muy humanas directamente relacionadas con nuestra inteligencia emocional. De hecho, en 2022 también el liderazgo, la creatividad, la originalidad, la flexibilidad, la resistencia, la atención al detalle o la persuasión entre otras, vivirán un aumento de demanda “descomunal” según el Foro Económico Mundial.

Por esto y por favorecer que nuestros hijos e hijas vivan una vida plena y feliz, consideramos que desarrollar las competencias emocionales es una cuestión básica y prioritaria para su bienestar. No es necesario esperar a que surja un problema para ayudarles a gestionar sus emociones, mejor que aprendan a hacerlo desde antes y así que puedan afrontar las circunstancias adversas con más calma.

Recomendaciones post vacaciones

Ya llevamos unos días desde que comenzáramos la rutina de cole y trabajo, con todo lo que esto implica: muchos horarios que cumplir.

Cumplir los horarios nos suele suponer un estrés añadido, pero todavía estamos en el inicio de curso y puede ser un gran momento para reorganizarnos en casa y planificarnos de forma que no cunda el estrés.

A la vuelta de las vacaciones parece que lo que a final de curso pesaba tanto, ahora ya casi ha desaparecido y estamos más cerca de la armonía en casa. ¿Qué pasa en verano para que parezca que muchos de los problemas del curso desaparezcan? ¿Es magia?

No, no creemos que sea magia sino que el descanso que nos ofrece el verano no es sólo el período de vacaciones, sino que va más allá. Nos da la posibilidad de vivir más relajados al tener menos horarios que cumplir y menos obligaciones, es decir, menos prisas, menos estrés, en definitiva mayor flexibilidad en todo lo que hacemos. Nos dedicamos más tiempo a nosotros mismos y entonces también a los nuestros y a lo que nos gusta. Tal vez el verano viene a enseñarnos lo que realmente necesitamos.

Ahora queda entonces que un poco de todo esto lo integremos al día a día del curso, a que en la rutina no nos fusionemos con las prisas sino que nos planifiquemos para dar cabida también a espacios sin horarios y a espacios de autocuidado.

Al hablar de autocuidado me resulta inevitable pensar en el mindfulness, pues es una herramienta práctica muy fácil de llevar a cabo en el día a día, sólo necesitamos saber cómo hacerlo y querer aplicarla diariamente. Es un entrenamiento cerebral para vivir presentes y conscientes en lo que hacemos, para disfrutar más de cada cosa que hacemos, de cada día.

Para no caer en el estrés de los horarios otra de las claves es no querer hacerlo todo ni querer llevarlo todo para adelante. La perspectiva que nos ofrece el verano puede que sea que paremos, que dejemos la inercia a un lado para mirarnos más, porque eso es lo que más necesitan nuestr@s hij@s, más mirada y más abrazos llenos de amor.

Nuestras recomendaciones para vivir un curso escolar más presentes y menos estresante son:

  1. Abarcar menos cosas que hacer y priorizar las que tenemos y queremos hacer
  2. Planificar las salidas de casa con más tiempo para que no cunda el pánico de las prisas
  3. Recordar lo que nos hacía bien en verano y traerlo al curso escolar, como: tiempo en familia, vivir sin el reloj, hacer lo que realmente nos gusta, espacios de autocuidado…

Para todo esto último los fines de semana son perfectos y hoy comenzamos uno, por ello nuestra pretensión y a lo que os animamos es a quitarnos el reloj, a echarnos en el sofá a leer o ver una peli, a salir a dar un paseo sin rumbo… a hacer lo que nos gusta y sobre todo a dedicarnos tiempo y daros muchos abrazos y besos, que en las familias que hay niñ@s más pequeñ@s ahora los necesitan especialmente.

Los más peques aún se están adaptando a las nuevas rutinas y normas del cole y por eso puede que se muestren más inquietos, por lo que necesitan más paciencia y cariño. Dedicarnos ratos juntos es especialmente reparador estos días.

Rocío, coordinadora del Máster en Educación Emocional en la Universidad Pablo de Olavide

¿Estrés vacacional?

Ya han llegado las vacaciones de nuestros hijos y con ellas parece que una nueva dosis de estrés, pues en la mayoría de los casos los padres y madres seguimos trabajando y nos encontramos ahora en casa con dos ritmos distintos. El de ellos, que se sienten más relajados y deseosos de disfrutar de sus esperadas y merecidas vacaciones y el nuestro, que a la rutina diaria y las prisas hemos tenido que sumarle la pregunta de… ¿y ahora qué hacemos con los niños?

A estas alturas ya hemos contestado a esa pregunta con escuelas de verano, campamentos de verano, abuelos que nos siguen echando un cable… cada familia se organiza como mejor puede haciendo a veces auténticos malabares, pero mientras, ¿qué nos pasa a los padres? ¿por qué a veces parece que el período de vacaciones de nuestros hijos es aún más estresante que el curso?

La respuesta es sencilla: en casa se unen dos horarios diferentes, el de ellos con todo el tiempo libre por delante y el nuestro, que seguimos con las rutinas y a veces teniendo que lidiar con las expectativas de querer disfrutar “las vacaciones” con ellos, pero con el choque de realidad por delante: seguimos trabajando y ya el cansancio de todo el curso es abrumador.

Por ello se hace especialmente importante poner conciencia a cada momento familiar y el autocuidado. En la medida en la que los padres y las madres nos dedicamos un tiempo a la semana, sí sí, a la semana, no menos, a cuidarnos, a nutrirnos, nuestra forma de relacionarnos con nuestros hijos y con nuestra pareja es mucho más amable. Y es que cuidamos y atendemos nuestras responsabilidades, olvidándonos muchas veces de cuidarnos, ¿cuándo fue la última vez que dedicaste un rato para ti?

Y me refiero a un café con amigos, una salida al cine a ver una peli que tú elijas, ir a un concierto, irte de compras para ti, ir a recibir un masaje, una cena en pareja… Para cuidar antes nos tenemos que cuidar, y en esta estación del año en el que los niños están mucho más tiempo en casa nos merecemos aún más el cuidarnos, pues sino podemos caer en esa desesperación de “a ver cuándo comienza el curso de nuevo”.

Y es que tenerlos en casa parece que no siempre es tan idílico como imaginábamos, sin embargo, yo creo que tenerlos en casa y poder disfrutar de ellos es un regalo inmenso, pero el estrés, el cansancio, las prisas de la rutina… nos impiden darnos cuenta del tesoro que tenemos delante: tiempo para pasar en familia, tiempo para dedicarles a ellos y dedicarnos en familia. Tiempo, ese es el mayor regalo que podemos hacerle y del que los padres y madres también podríamos disfrutar, pero necesitamos parar y tomar conciencia de lo que nos pasa a cada cual y a cada miembro de nuestra familia, y así poder elegir cómo afrontamos esta estación del año.

Para todo esto, para aprender a parar en el ritmo frenético de vida que llevamos, nuestra mejor herramienta es el mindfulness, ya que no requiere una búsqueda extra de tiempo en el día a día, sino que se trata de aprender a estar presente en aquello que hacemos, para vivir en el Aquí y Ahora, y así, cuando estamos con nuestros hijos en lugar de estar pensando en los conflictos que tengamos y/o en los quehaceres del hogar, dedicarnos con conciencia a ellos y a lo que estemos haciendo.

Cuídate, como tú elijas, pero cuídate, ese es nuestro consejo y lo que yo trato de poner en práctica, porque me merezco disfrutar de mi maternidad, igual que tú de la tuya, y mis hijos se merecen disfrutar de su madre tal y como es, no de su madre perfecta, esa no existe, sino de su madre disponible y disfrutando con ellos y de ellos.

Rocío, coordinadora del Máster en Educación Emocional en la Universidad Pablo de Olavide

¿Es la juventud una etapa para cuidarse?

 

Hay un momento en la vida en la que podemos sentir un abismo ante la responsabilidad de que “mi vida depende de mí”, y a algunas personas, nos pasa al inicio de ser jóvenes.

Durante la niñez estamos al amparo de papá y mamá y sabemos que de una manera u otra están ahí y sentimos que nuestra vida depende de ellos. Después llega la adolescencia con sus grandes momentos de diversión, disfrute y también con sus sinsabores, inseguridades y con el anhelo de ser joven para ser uno mismo quien tome todas sus decisiones y “mis padres me dejen tranquila”. Pero muy poco después somos jóvenes y… ¿ahora qué?

Somos jóvenes y no tenemos todas las respuestas como pensábamos que tendríamos, somos jóvenes y… nuestros éxitos y nuestros errores son de uno mismo, “sólo yo que tomo la decisión soy responsable de ellos” y darnos cuenta de esto, a veces puede pesar demasiado.  Yo recuerdo aquella sensación como grietas enormes que se creaban bajo mis pies y que los pasos que yo daba iban a determinar que el suelo se abriera o se quedara estable para que yo pudiera caminar sobre él.

De la niñez y adolescencia se habla y escribe mucho, así como de las crisis en la edad adulta, pero ¿qué pasa con esa etapa vital en la que las personas comenzamos a tomar decisiones que repercutirán el resto de nuestra vida? Ya no deciden por nosotros nuestros padres, ahora somos nosotros quienes tomamos nuestras primeras decisiones vitales y entonces “la responsabilidad es toda mía”.

La buena noticia es que la vida no la vivimos en soledad, sino en sociedad y que las personas buscamos apoyo en quienes nos quieren y somos libres de rodearnos de las personas que nos puedan hacer bien.

Además, no existe mayor y mejor aprendizaje que a través de los errores propios, pues, aunque en nuestra cultura occidental eso de equivocarnos está muy denostado es la forma que tiene nuestro cerebro de adquirir los aprendizajes. Y teniendo en cuenta que lo que se aprende en la juventud se queda para siempre, más que evitar la equivocación, nosotros invitamos a que las personas, y especialmente a los jóvenes, tengan cuantas más herramientas, mejor.

Cuando somos padres y madres cuidamos de nuestros hijos e hijas, los adultos, cada vez más, buscan espacios de autocuidado, pero ¿qué pasa con los jóvenes? ¿es que acaso no debemos pensar en cómo nos cuidamos? Elegir las personas de las que nos rodeamos, ser dueños de nuestro tiempo, conocernos más… es parte también del autocuidado.

En Rumbos trabajamos por y para el bienestar de las personas y en nuestros grupos de Educación Emocional tienen cabida las personas más jóvenes, desde los 4 añitos hasta los 17, pero aún no teníamos un grupo joven. Por eso, por fin, hemos creado un grupo de crecimiento personal para jóvenes, para acompañarlos en un momento vital tan ilusionante y desconcertante a veces, como es la juventud.

Y es que la vida adulta tampoco es estable, es otra etapa más y también supone momentos de transformación, por ello se hace aún más importante para el bienestar y felicidad propia conocernos en nuestras luces y también en nuestras sombras, para potenciar los talentos que ya tenemos y adquirir herramientas para que nuestras limitaciones no supongan un obstáculo mayor en nuestro día a día.

Si quieres saber más acerca de este espacio, aquí encontrarás más información.

Rocío, coordinadora del Máster en Educación Emocional de la UPO

 

 

 

La importancia de elaborar el duelo

 

Los días 3, 4, 5 y 6 de mayo tienes una nueva oportunidad de regalarte el Proceso M.A.R., cuatro días en los que te sumergirás en un trabajo que te pemitirá vivir el presente y futuro con plenitud, sin culpas. De esto es de lo que habla Carlos Odriozola en este artículo suyo que rescatamos con motivo del nuevo M.A.R. que tendrá lugar en Rumbos el próximo mes.

“Cuando la vida nos golpea en forma de separaciones, divorcios o fallecimientos nos encontramos inmersos en el sufrimiento de una relación perdida, percibimos con cierta frecuencia propuestas bienintencionadas tendentes a “olvidar cuanto antes y rehacer la vida”.

Cualquier invitación a dedicar un espacio y un tiempo a sanear la relación ya terminada es considerada como una pérdida de tiempo, sobre todo si el final de la relación no fue todo Io satisfactorio que hubiéramos deseado. “A rey muerto, rey puesto”, “La vida continua”, “Mira al futuro y no pierdas el tiempo en el pasado…”, son frecuentes expresiones, insisto, bienintencionadas, pero muy dañinas para nuestro equilibrio emocional. Al enterrar la relación, sin darnos cuenta, nos enterramos con ella.

Mi propuesta, canalizada a través de Proceso M.A.R. (Movimiento hacia el Agradecido Recuerdo) va claramente en la dirección opuesta.Toda pérdida merece un tiempo de análisis, de introspección, de recuerdo.

En ocasiones, al salir de una película, se nos plantea la necesidad de volver a verla para libre ya del impacto emocional poder apreciar tonalidades, matices, diálogos, etc. De forma muy parecida siento que debemos hacer con una relación terminada cuanto más larga e importante fuere la relación más tiempo será necesario que dediquemos a elaborarla, sabiendo que el fin último de una sana elaboración no es olvidarlo sino recordarlo con un sereno agradecimiento.

Pues bien, esta filosofía o actitud ante las pérdidas no va a originar importantísimas consecuencias en nuestro pasado, presente y futuro afectivo. Vamos a ver esto detenidamente.

Generalmente tras una pérdida afectiva (y sobre todo si ésta fue inesperada) nos queda una sensación de absurdo, de vacío, de frustración. Un mal sabor de boca porque las cosas no fueron como a uno le hubiera gustado, es la sensación de haber invertido en un sitio equivocado, de no haber recogido los frutos.

El sentimiento que prevalece es el de haber desperdiciado el tiempo, malgastado las energías en algo finalmente estéril. Frases como: “Todo lo que hice para qué”, “He perdido los mejores años de mi vida”, “Esto me pasa por tonto”, ponen de manifiesto que al enterrar la relación también enterramos la autoestima.

Si a esto añadimos los sentimientos de culpa por acción u omisión que se presentan normalmente tras fallecimientos repentinos de seres queridos, el resultado es demoledor y como elemento condicionador de nuestro futuro afectivo. Arrepintiéndome de la relación me avergüenzo y dignificándola me valorizo. Por eso la importancia para, yo desde a distancia, leer la historia de nuestra relación con los ojos de la ecuanimidad.

No se trata de ocultar lo doloroso, ni de inventar lo que no hubo. Se trata de entender que como en toda relación hubo de todo, comprendiendo que cada uno desde su neurosis hizo lo que buenamente podía y que de una u otra forma los dos fuimos creciendo, experimentando y dando lo que nuestra salud mental nos permitía.

“Yo hice lo que en aquel momento sabía, tú hiciste lo que en aquel momento sabías. El precio del crecimiento es la equivocación. Yo quiero aprender de todo esto y te deseo con todo mi corazón que allí donde estás tú también aprendas. Gracias por haber estado ahí”.

Podéis comprender que después de una visión de este tipo, el tiempo pasado no es un tiempo perdido, al contrario es un tiempo (el necesario) al servicio de nuestro crecimiento. Valoro entonces esa relación en la medida en que me ha permitido desarrollarme como persona, aprender de mis conflictos y me despido agradeciendo, asumiendo la responsabilidad de poner mi atención en las nuevas relaciones.

El resultado es la mirada limpia, la autoestima reforzada y el dolor agradecido de saberme en movimiento.

Pero no se acaban aquí los beneficios de esta actitud frente a las perdidas. Partiendo de un pasado integrado, cambia sustancialmente la forma de abordar el presente. En la mayoría de las ocasiones el sentimiento predominante una vez ocurrida la pérdida es de rabioso sufrimiento, sufrimiento que condiciona y contamina cada momento de la vida haciéndome vivir (y haciendo vivir a los demás) un presente negro, desmoralizador y deprimente.

Pues bien, una sana elaboración de duelo va a traer como consecuencia inmediata la transformación del sufrimiento en dolor:

1.- Mientras que el sufrimiento es una actividad mental (pensamientos, remordimientos, recuerdos…) el dolor es emocional y se ubica en el corazón.

2.- Mientras el sufrimiento que el fija su atención en el pasado o el futuro, el dolor es exclusivamente presente.

3.- Mientras que el sufrimiento se nutre de la culpa es dolor los transforma en responsabilidad.

Mientras el sufrimiento es hijo del miedo y se cronifica con el tiempo, el dolor es manifestación del amor y se transforma en agradecimiento.

En definitiva, el sufrimiento es paralizante, es estéril y nos separa del mundo mientras que el dolor es movimiento, motivo de crecimiento y nos acerca al entorno.

Y por último quisiera reflexionar sobre las consecuencias que esta estrategia conlleva de cara al futuro.

Hemos oído muchas veces, que el fin es a su vez comienzo, que la muerte es nacimiento o que cuando una puerta se cierra otra se está abriendo. Esto aplicado al tema que nos ocupa, al de la pérdida de una relación afectiva signficaría que cuando una relación termina otra vendrá a llenar el vacío.

Pero esto no es así en algún modo. Yo no creo que la vida nos vaya trayendo nuevas etapas, nuevas experiencias o nuevas relaciones. Lo que la vida nos va a traer son invitaciones, propuestas, posibilidades que nosotros decidiremos si los aceptamos o no.

¿De qué va a depender el que aceptemos o no las nuevas posibilidades que la vida nos vaya presentando?

¿De qué va a depender que decida volver a vibrar, a abrir mis brazos, a entregarme con el corazón a las nuevas relaciones?

Del sabor que dejó en mi boca la relación ya terminada”.

Carlos Odriozola

 

Cómo le decimos a nuestr@s hij@s que nos vamos a separar

https://rumbos.org/wp-admin/post.php?post=1818&action=edit

Llevo varios meses con un tipo de llamadas a mi móvil o petición de consulta, que se repite de una forma extraordinariamente llamativa. Padres y madres que se van a separar y que no saben qué hacer o cómo hacer con sus hijos para que el proceso sea lo más suave y sano posible.
Han sido tantas las conversaciones que, casi sin querer, he ido sistematizando, de una forma casual, lo que quiero compartir con vosotros en esta entrada, un proceso inicial para abordar este tema tan frecuente. Proceso que no será innovador para las personas que os dediquéis al acompañamiento terapéutico, pero que sí puede ser una ayuda a las familias que os encontráis en esta situación y que necesitáis una pequeña orientación sobre los pasos a seguir.
(más…)

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